Cuando se decide emprender, se tiene que elegir bajo qué forma jurídica se hará. Cada una de ellas tiene unas características, ventajas y desventajas. En este caso, analizaremos en qué casos es más conveniente hacerse autónomo o crear una Sociedad Limitada.

Si quieres hacerte autónomo:

Los trámites son más sencillos que en una SL y, además, mucho más ágiles. El primer paso es darse de alta en Hacienda con el impuesto de actividades económicas (IAE). En segundo lugar, registrar el comienzo de la actividad empresarial ante Hacienda, realizando la declaración censal.

En esta, se debe elegir las opciones de tributación. Es decir, tributar por módulos o mediante estimación directa. Además, es necesario afiliarse al Régimen Especial de los Trabajadores Autónomos (RETA).

Para finalizar, se deberá elegir la base de cotización y, si es necesario, sacar la licencia de apertura e inscribirse en el Registro Mercantil.

Si quieres construir una Sociedad Limitada:

La Sociedad Limitada es la forma jurídica más utilizada por los emprendedores. Para construir la sociedad es necesario: la denominación social, el capital social, el domicilio social, el objeto social, los socios y los distintos órganos de administración.

Realizar estos trámites es mucho más complejo y presenta más lentitud que darse de alta como autónomo.

Entonces, ¿qué opción es mejor?

Los trámites para hacerse autónomo son mucho más simples, menos costosos y más ágiles que los de crear una SL. Así, si quieres iniciar tu actividad cuanto antes es la mejor opción.

Para crear una sociedad bajo el formato de SL, serán necesarios más trámites, más tiempo y gastos superiores. En primer lugar, habrá que inscribir la empresa en el registro y solicitar un CIF. Estos trámites, normalmente, se pueden alargar hasta los 30 días.

En la misma línea, se deberán sumar los gastos de la gestión a los 3000 euros de capital social inicial. En cambio, para darse de alta como autónomo no hay ninguna cantidad mínima para su creación.

Hasta aquí, parece que la opción de darse de alta como autónomo va ganando la partida. No ocurrirá lo mismo con la responsabilidad del empresario ante sus proveedores.

Existe una diferencia muy importante. En el caso del autónomo, responderá con sus bienes ante cualquier impago o quiebra. En cambio, la responsabilidad estará limitada al capital social de la empresa y a sus bienes en las SL.

Aparece, también, la figura del Emprendedor de Responsabilidad Limitada (ERL). En este caso, se protege parte del patrimonio del empresario (vivienda habitual) en caso de quiebra si no hay fraude o negligencia grave en la gestión y no supere los 300.000 euros.

Por último, también existen diferencias en la gestión contable. Los autónomos deberán presentar la declaración trimestral de IVA y anual, además del libro de cuentas. Diferenciaremos entre los autónomos que tributan en modalidad de estimación directa simplificada y la normal.

Para la Sociedad Limitada, sumamos que sí es obligatorio disponer de una contabilidad oficial y será necesario distinguir los bienes de la sociedad y la de sus socios. Añadir, también, la presentación de sus cuentas anuales.

Si hablamos de los impuestos, los autónomos deberán tributar en el impuesto sobre la renta mientras que la SL lo hace en el impuesto de sociedades. Además, los autónomos tributan en el IRPF.

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