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¿Sabes qué tipo de autónomo te conviene ser?

Decisión tomada, vas a ser autónomo. Has decidido formar parte de este grupo y vas a participar en el mercado representando a esta figura empresarial.

¿Conoces qué tipología de autónomos existen y en qué se diferencian? Aquí aparecen las dudas y la incertidumbre sobre lo más importante: ¿qué tipo de autónomo te conviene a ti?

¿Qué son los trabajadores autónomos y en qué se diferencian de los trabajadores por cuenta ajena?

La primera definición de autónomo la concretamos en aquella persona física que realiza una actividad por cuenta ajena y no es asalariado de ninguna empresa. Así, el autónomo tendrá otras obligaciones como presentar impuestos anuales y trimestrales o llevar la contabilidad de su negocio. Por otro lado, el autónomo gestiona los horarios y objetivos siguiendo sus criterios y necesidades.

Es importante diferenciar al autónomo del trabajador por cuenta ajena. Este último tiene unos ingresos fijos y depende del rendimiento de la empresa o si esta suspende sus servicios. Además, el trabajador por cuenta ajena se rige por unos horarios y objetivos que marcan su ritmo de trabajo.

Trabajadores autónomos:

Son aquellos que tienen un local o un pequeño comercio y cotizan por actividades profesionales del IAE (Impuesto de actividades económicas).

En este grupo, podemos definir a los artistas y deportistas como la excepción. Estos, tributan según una base diaria dependiendo de su actividad. Así, no dependen de los módulos.

Profesionales autónomos:

Son autónomos que trabajan en profesionales liberales incluidas en el IAE. Podemos diferenciar entre los profesionales autónomos colegiados o no colegiados.

Los profesionales también pueden tener trabajadores y un establecimiento, pero lo habitual es que no tengan empleados ni locales. A este tipo de se les denomina freelance.

Un gran porcentaje de los autónomos cotiza por estimación directa simplificada y casi nunca lo hacen por módulos, ya que no tienen una estimación más o menos clara de la cantidad de ingresos trimestral que van a tener.

Aparte de esto, facturan de una manera distinta al resto de autónomos, ya que deben retener el IRPF en sus propias facturas, y el tipo de gravamen fiscal de IRPF también es inferior.

Autónomo societario:

Cuando los ingresos aumentan y la figura del profesional o trabajador no es suficiente, es necesario cambiar de autónomo a sociedad. Este autónomo suele ser el administrador de la sociedad y se da de alta en el RETA.

Se conviene dar el paso cuando vayas a regentar una sociedad, ya que en caso contrario es imposible, y cuando tus ingresos anuales sean superiores a los 40.000 €.

Autónomos económicamente dependientes:

Son aquellos que trabajan principalmente para un cliente, ya que su facturación proviene de esta fuente en un 75% o más. No puede tener trabajadores a su cargo. Se denominan TRADE.

Os recomendamos leer nuestro artículo sobre el TRADE y el falso autónomo: enlace.

Se conviene dar de alta como TRADE cuando trabajes principalmente para un solo cliente y no tengas expectativas de trabajar para muchos más. Si casi toda tu facturación depende de él, date de alta como tal y podrás acceder a unas ligeras ventajas con respecto a los otros tipos de autónomos.

Autónomos colaboradores:

Los autónomos colaboradores son aquellos que se dan de alta para trabajar con un cónyuge o familiares de hasta segundo grado de consanguinidad de manera habitual.

La diferencia con respecto al resto de autónomos es que este tipo de autónomo no hace declaración de IVA ni pago fraccionado de IRPF.

Se conviene dar de alta cuando tu principal objetivo sea trabajar con tu pareja o con algún familiar en su negocio local y no tengas pensando hacer ningún otro trabajo extra.

Autónomos agrarios:

Autónomos dedicados a actividades agrícolas y que cotizan por un régimen especial llamado SETA (Sistema Especial para Trabajadores por Cuenta Propia Agrarios).

Se conviene dar de alta cuando trabajes de manera exclusiva en una actividad agrícola.

IMPORTANTE: Si no llegas al SMI…

Hay trabajadores por cuenta propia que no llegan al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en todos los sectores profesionales.

  • Trabajadores a tiempo parcial con un número de horas limitado que, a su vez, también son empleados de una empresa. O bien solo trabajan por cuenta propia, pero lo hacen de manera esporádica, unas pocas veces al año.
  • Autónomos que están en crisis con su actividad económica.
  • Trabajadores sin muchos clientes o pocas ganancias generadas.
  • Nuevos emprendedores que todavía no alcanzan el salario mínimo y que están consolidando poco a poco su negocio.

Estas situaciones hacen que muchas personas piensen que no les compensa pagar la cuota de autónomo, por lo que mayoría opta por ser parte de la economía sumergida. Esa decisión puede suponer problemas legales si no se cumplen unos requisitos.

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